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El encargado del Hotel Mocenigo no hizo gesto alguno, pero estaba francamente nervioso. Era como si de pronto alguien allá arriba hubiera escuchado sus oraciones y no deseaba echar a perder su suerte por algún tipo de torpeza ridícula, ¡todo tenía que ser perfecto, no por nada se estaba encargando personalmente de todo!. Venecia era un lugar ampliamente visitado por turistas y millonarios de todo el mundo, pero Rospoli no ignoraba que todos y cada uno de los gerentes de los más grandes y prestigiosos hoteles de Venecia le habían mirado con franca envidia cuando su teléfono móvil había anunciado -a su muy atónita persona- que el joven presidente de la Transnacional más importante de toda Asia estaba en camino a la ciudad con el deseo expreso de pasar algunos días en SU hotel.
Y no es que el hotel no fuera hermoso.. no. Nadie como Rospoli para dar testimonio de la auténtica riqueza histórica y artística que encerraba el Palazzo Mocenigo -el hotel y el pequeño museo que formaba parte del negocio- pero no escapaba a su agudeza que no era tan fastuoso como otros hoteles de la ciudad y la callejuela donde estaba su portón principal era algo oscura y -siendo sinceros- no muy acogedora además que su fachada, pese a haber sido restaurada con sumo cuidado hace algunos años, no llamaba particularmente la atención en un lugar como Venecia donde el negocio turístico constituía el sístole y diástole de la ciudad..
- "Si me permite conducirle por aquí, nos hemos permitido preparar para Ud la habitación del Dux. La llamamos así porque era la habitación principal del antiguo palazzo y fué ocupada por todos los Mocenigo que llegaron a ser Dux de Venecia y..."
El encargado se detuvo en seco.. ¿donde estaba su importante huésped?. ¡no podía haberlo perdido el primer día! ¿acaso tenía tan mala suerte? se espantó mientras recorría los pasillos del hotel, tratando de no entrar en pánico.. ¿que iba a hacer si el signore Li decidía marcharse, él y todos sus millones?..
- "Quiero esta habitación, signore Rospoli... si no es mucha molestia, por supuesto"
El encargado se detuvo en seco, contemplando la figura arrogante y joven de Shaoran Li frente a la puerta de una de las habitaciones más hermosas del hotel.. aunque no la que le había asignado a un huésped de la categoría del joven chino. A su lado, el secretario de Li parecía suspirar con resignación mientras se sentía tan desconcertado como el propio italiano, que, disimulando apenas su sorpresa por el capricho del joven millonario marchó rápidamente a disponer que su personal moviera el equipaje del signore Li hacia la habitación que había elegido..
- "Eh... ¿hay algo que deba saber, Shaoran?" -preguntó Hin Lu, apenas el aturdido italiano se hubo marchado, mientras contemplaba a su joven señor mirar la puerta de aquella habitación- "no es que el lugar no sea bello, pero podía haberte conseguido el mejor hotel de todo Venecia con habitaciones presidenciales incluidas... pero insististe en este, específicamente éste. Y ahora.." -los ojos del esposo de Mei Ling miraron la puerta cerrada- "¿porqué de pronto quieres esta habitación?.. el señor Rospoli dijo que te habían preparado la mejor habitación.. la del Dux, ¿porqué esta..?"
- "Lo siento Hin Lu. No quise estropear tus arreglos, ni los del señor Rospoli. Pero.." -sus ojos canela contemplaron aquella puerta cerrada- "quiero estar aquí, y solo. Si deseas, ocupa tú la habitación del Dux, yo..." -hizo una pausa- "estoy cansado y me quedaré todo el día de hoy descansando. Pide el servicio a la habitación por favor. ¡Oh, y de ser posible.. quisiera.. estar solo aquí. No sé como explicarlo pero.."
- "¿Pero?"
Shaoran suspiró. Si, era lo mejor.
- "No sé si te sería posible... arreglar nuestra estadía de modo.. algo inusual. Quisiera tener libertad para recorrer todo este lugar .. no sé si lo entiendes"
- "Para nada, pero arreglaré eso. Descuida" -el secretario asintió con su normal eficiencia- "es mejor que descanses hoy, es cierto. Mañana todo estará arreglado, deja todo en mis manos"
- "Gracias"
Con un leve gesto de agradecimiento hacia su fiel secretario, guardián, primo y amigo, Shaoran empujó la puerta de aquella habitación e ingresó cerrando la puerta de un solo movimiento. Y dió un paso.. luego otro.. y otro más. Los ojos color canela del joven chino recorrieron el lugar en un solo vistazo y algo extraño ocurrió en su interior... era como si conociera aquel lugar desde siempre. Sus manos acariciaron las paredes restauradas, casi como si cada una de aquellas piedras fueran conocidas y queridas para él, y es que, con sólo haber visto aquella puerta, la sensación de deja vú había sido tan grande que supo que tenía que quedarse allí, y a cada paso que daba -contemplando el mobiliario antiguo pero usable- parecía hundirse más y más en sensaciones extrañas..
- "La puerta es familiar.. pero no estaba en ese muro... han cambiado muchas cosas" -sus pensamientos no tenían sentido, pero se deslizaban, como una madeja de hilo cada vez más extensa, a cada paso- "la cama... no, no. No es de aquí.. la han traído de otro lugar.. las colgaduras... los gobelinos, todo... todo esta revuelto... pero las paredes son estas. Son las mismas.. las mismas"
Mil y una imágenes parecieron pasar por la cabeza del joven jefe en una sucesión confusa y el esposo de Sakura Li hubo de sentarse en la amplia cama con dosel, porque estaba repentinamente mareado..
- "¿Que diablos estoy diciendo?.. ¡nunca he estado aquí!, ¿como podía saber que la puerta original no estaba en ese muro y que restauraron mal eso?, ¡no tiene sentido!.. nunca he visto este lugar pero...."
Sus ojos se posaron entonces sobre unas espadas colocadas artísticamente sobre uno de los muros y reconoció al instante una imagen..
El emblema de los caballeros de San Juan..
- "¿La espada de Boisloire? ¿aquí?" -casi gritó, confundido- "¡Oh, me estoy volviendo loco!"
Agotado, se dejó caer en la cama...
Ojalá pudiera dormir...
Y ojalá pudiera hallar pronto las respuestas que había venido a buscar..
- "Roxelana.." -gimió, antes de ahogarse en sus sueños- "Roxelana..."
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Canción: Será
Intérprete: Ricardo Montaner
Y me quedé
soñando
Con la ilusión a cuestas
con la esperanza guardada
en el bolsillo roto de un pantalón
en el baúl sin fondo de mis decepciones.
Aletargado en el tiempo
obsesionado con verte.
Se enrojecieron mis ojos
se marchitaba mi mente.
Será, que aún no se llenaba la luna.
Será, que el tiempo fue menguando nuestras ganas.
Será, será, será, será la luna
Será, será, será, serán las ganas será
Y me quedé en suspenso
con una historia breve
en los niveles mas bajos
de mis latidos del corazón
entre lo inverosímil
de mis frustraciones.
Aletargado en el tiempo
obsesionado con verte
se enrojecieron mis ojos
se marchitaba mi mente
Será, que aún
no se llenaba la luna.
Será, que el tiempo fue menguando nuestras ganas.
Será, será, será, será la luna
Será, será, será, serán las ganas será
Año del Señor de 1570- Venecia - Palazzo Mocenigo
Las fiestas en la Casa Ducal eran más elegantes que nunca. La Casa Ducal de Mocenigo estaba festejando el ascenso de Luigi Mocenigo, el señor de la Casa, al cargo más alto brindado por la Serenísima República Veneciana como Dux y pese a la algarabía, el jovencísimo Ridolfo -de escasos dieciocho años de edad- estaba aburrido. Era aristócrata e hijo de la familia más poderosa de la República, pero pese a lo que pudieran pensar, el joven disfrutaba poco de las danzas y reuniones a los que se veía obligado a asistir por su rango, y era más bien de temperamento serio y muy maduro para sus años.
Quizá por eso era que su padre y sus hermanos mayores -4 de ellos vestían la púrpura que los acreditaba como Cardenales o príncipes de la Iglesia y se habían encargado de la educación esmerada del muchacho- es que abrigaban tantas esperanzas en el chiquillo. Que si bien cierto era el benjamín de la familia, siempre había demostrado estar consciente de sus deberes más que de los placeres que provoca el pertenecer a una posición como la que tenía.
Y no es que los hijos del Dux fueran pocos. No. La familia Mocenigo tenía asegurada su participación entre las casas más ilustres de Venecia por los siguientes siglos, pero el motivo principal era porque procuraban apoyarse entre sí y destacar a cada miembro por sus auténticas cualidades. Y que el joven Ridolfo tenía cualidades que hacían abrigar que alguna vez pudiera suceder a su padre como Dux, no había duda. Lo decían sus perceptores, sus amigos, sus hermanos -dos de los cuales ya formaban parte del Consejo de la Ciudad- y todos los que le conocían. Era honorable, valeroso y temerario, pero a la vez tenía una extraña sensatez que le hacía absolutamente popular y respetado entre los que le conocían, aún por sus mayores, quienes veían en él a una gran promesa para Venecia. No eran pocos los hijos de monarcas que se preciaban de ser amigos del hijo más joven del Dux y en una ocasión -en que Ridolfo visitara España, y específicamente la universidad de Alcalá de Henares con su amigo Etienne Boisloire y algunos venecianos en su comitiva- había charlado con su buen amigo don Juan de Austria -joven hermanastro de Felipe II, Rey de España- sobre las responsabilidades de un jefe y sobre la lealtad absoluta que un Comandante debe a su Soberano, sea este un monarca o en su caso, la República Veneciana- de un modo tan inteligente, que el agudo y ambicioso monarca español -enterado del hecho- había considerado seriamente emparentar con un joven tan brillante.
Y Ridolfo no había estado nada feliz los últimos meses porque no le hacía ninguna gracia que casi se le considerara prometido de la infanta Catalina Micaela de España. Pero no lo malentiendan. No tenía nada contra la ilustre princesa salvo el peculiar hecho que él tenía 18 años y la hija del monarca español apenas 3. Por si fuera poco, el monarca francés Carlos IX había considerado también considerarle prometido de alguna de sus hermanas: las princesas Victoria o Juana, algo que había provocado profunda hilaridad en su mejor amigo, Etienne Boisloire, cuyo padre era precisamente hijo ilegítimo del anterior monarca francés Enrique II..
- "A este paso, vais a acabar llamando a la madrastra de mi padre, querida madre" -reía jocosamente Boisloire, mientras Ridolfo le lanzaba miradas espantadas- "y os recomendaría tener cuidado, ya que se sabe en París que la reina madre, Catalina de Médicis es terrible como suegra"
- "¡Callaos!, ¡no tengo intención de desposar a nadie en España o Francia! ¿acaso estáis loco?"
Su mejor amigo había reído más todavía pero a Ridolfo le había inquietado la situación. Estaba en edad de desposarse pero para gran sorpresa de su padre y sus hermanos, el joven había manifestado ser totalmente inflexible en ese único punto: deseaba casarse enamorado y nada ni nadie iba a lograr que se desposara con una mujer que no amara. Era eso lo que divertía y preocupaba a la vez a su más leal círculo de amigos: Etienne Boisloire murmuraba que era demasiado ingenuo e idealista y aún su amiga de la infancia, Leonor de Eboli no entendía del todo el romanticismo de Ridolfo.
- "De modo que esa era la historia de vuestra amistad. Muy interesante mi querido y joven amigo" -rió la muchacha mientras caminaba con su joven amigo, dejando atrás las danzas y la alegría- "no me sorprende que vos y Boisloire os halláis criado como hermanos si es cierto lo que me habéis contado.."
- "Lo es, mi apreciada Leonor. Quizá mi padre y mi maestro tuvieran razón porque la amistad surgida de la sangre es bastante fuerte, apreciada amiga"
- "De modo que Boisloire os salvó la vida cuando erais niños y un asesino deseó privar a vuestro padre de su hijo consentido" -reflexionó la napolitana, con gesto comprensivo- "bien, quizá no deba causaros sorpresa entonces que vuestro amigo adore embromaros todo el tiempo.. es casi lo que me han contado que los hermanos mayores suelen hacer y vosotros sois casi hermanos de crianza.."
- "Admito que Etienne es más cercano a mí que mis hermanos mayores, pero que queréis, ellos me llevan muchos años" -el joven veneciano se encogió de hombros- "pero vos misma, Leonor, ¿no sois acaso amiga de Boisloire?. ¡oh no!" -añadió rápido- "¡Y no os permitiré negarlo! desde que os conocí cuando tenía 11 años y Boisloire 13, os habeis convertido en excelente amiga y compañera.. ¡además de haber sido la primera en derrotar a nuestro amigo con la espada!"
La joven duquesa contuvo la risa y ambos jóvenes rieron por un buen rato
- "Os extrañaremos mucho, amiga mía" -suspiró Ridolfo- "y os insisto en manifestar que el Vizconde Le Husierre, vuestro prometido, es un hombre con suerte. No sólo se lleva a la hija más bella de toda Italia sinó que a una mujer como ninguna, que maneja las armas con tanta habilidad como cualquier caballero..."
- "Algunos caballeros considerarían eso como un defecto, Mocenigo" -dijo la muchacha.
- "¿Por eso habéis aceptado a Le Husierre?" -preguntó pensativo- "pero Leonor.. vos sois una joven.."
- "Acepté al vizconde porque es un buen partido, y un hombre de honor, que me respeta" -replicó rápida- "mi palabra está dada y sabeis que no retracto nunca de lo que digo amigo mío. No todos tenemos vuestros remilgos para los matrimonios y algunos entendemos que el amor es hermoso pero un sueño incalcanzable.."
Ridolfo se hundió en el silencio.
- "Decís lo mismo que Boisloire"
- "Nuestro amigo tiene razón, pero él lleva con bastante descaro su vida amorosa.. algo a lo que una mujer de mi posición y de mi honor jamás puede caer. Soy esclava de mi palabra y de mi honra Ridolfo. Y ruego a Dios que vuestra búsqueda del amor no os ocasione un profundo desengaño" -añadió reflexiva- "¿porqué no emparentáis con el Rey de España?. Sé bien que vuestra consideración por las desventuras familiares de Boisloire os inpiden considerar un matrimonio con Francia pero.."
- "¿Desde cuando ser sobrino ilegítimo de un Rey es desventura?" -una voz profunda pero con levísimo acento francés intervino, sobresaltando a ambos jóvenes- "¡mi querida Leonor!.. mi linaje familiar será digno de más títulos de nobleza, si es que sobrevivo al odio de Catalina de Médicis!"
- "¡Boisloire!" -protestó la joven.
El aludido apareció riendo levemente e intercambió una mirada aguda con la joven duquesa.
- "No servirá mi apreciada Leonor" -dijo divertido, lanzando una mirada conmiserativa a Ridolfo- "nuestro joven amigo no es razonable y se ha negado en redondo a desposar a Francia o a España.... a diferencia de vos, que vais a desposar a nuestro amigo Le Husierre"
- "Leonor no está muy convencida de esa boda, Boisloire" -intervino Mocenigo.
- "No, al contrario. Estoy comprometida con mi honor y sólo la muere evitará que cumpla mi palabra y me despose con Le Husierre.. es vos quien me preocupáis"
- "¿Y no os preocupo yo?" -rió burlón, Boisloire.
- "Vos os la pasáis muy bien pese a ser Caballero de San Juan. .. quizá demasiado bien. Las damas os aman Etienne.. ¡no hay duda!."
- "Menos vos Leonor" -rió el aludido- "vos, que sois la única que puede venceros a Ridolfo y a mí con la espada.. vos, que sois como la hermana que no he tenido.."
- "Y por eso mismo... os conozco"
Ambos rieron y Ridolfo les miró confundido.
- "No os entiendo. Comentáis la vida de Boisloire pero no la censuráis.. sin embargo, si me censuráis a mi y.."
- "Vos soñáis demasiado mi querido amigo. Demasiado. Sed realista amigo.. como Etienne y yo.. y seréis feliz desposándoos con alguien digno a quien llegareis a tolerar.. así es como debe ser.."
- "Totalmente de acuerdo"
Ridolfo frunció el ceño, irritado. ¿Porque esos dos siempre se comportaban con él como si fuera un niño? ¡tenía derecho a no compartir su opinión! ¿acaso era tan insólito que deseara casarse por amor?..
¡Oh, ni siquiera la eficiente y valerosa Leonor le entendía!
- "Pero Ridolfo tiene aún tiempo de recapacitar en considerar la boda con España o con Francia. Entretanto.. disfrutad de la fiesta Leonor. Habéis sido una amiga tan leal que realmente os extrañaremos mucho cuando os desposéis con Le Husierre.." -añadió- "a todo esto..¿no bailáis acaso?..."
- "No bailo con vos, porque os conozco bien, Boisloire" -sonrió la joven.
- "Sois la única mujer que respeto.. porque podéis atravesarme con el acero tan fácilmente como un guerrero feroz, Leonor" -había encanto, y algo de descaro en los modales del joven francés de ojos azules- "además, que conozco bien vuestra lealtad a vuestro ilustre prometido, mi paisano Le Husierre"
- "Entonces, buscad otra joven a quien seducir, amigo.. no soy de vuestra liga"
Etienne Boisloire rió alegremente y trató de llevarse a Ridolfo.. pero el muchacho se negó, y algunas palabras más de la joven Leonor, hicieron a Boisloire partir de regreso a la danza..
- "Caballero de San Juan... ¡no lo puedo creer!" -sonrió la chica, casi incrédula- "pero quizá no deba sorprenderme tanto.. lo único que a Boisloire le gusta además de conquistar mujeres es divertirse, y fuera de la diversión que le proporciona reírse de vos.." -Ridolfo hizo un gesto taimado- "no hay otra cosa que él pueda hacer más que pelear..."
- "Dejad de secundarlo. Vos y él me tratáis como un bebé"
- "Porque lo eres, mi amigo. Eres el más joven de nosotros. Pero... no creo que él se ofenda si es que os desposáis con alguna de las hermanas del Rey de Francia, al contrario.. quizá eso ayude a Boisloire"
- "Admito haber pensado lo mismo. Pero Boisloire me dijo que al menos si era vio tan obstinado en casarme por amor, esperaba que lo hiciera por amor a una mujer y no por una lealtad malentendida a un amigo. A él no le preocupa demasiado Catalina de Médicis.. ya sabéis lo que ocurrió con su padre.."
Leonor suspiró con tristeza, al recordar al padre del caballero hospitalario.
- "Esa mujer siempre odiará a Boisloire y al Vizconde Nemeurs.." -suspiró Leonor- "ser bastardos de la Casa de Valois no les ha sido nada fácil.."
- "Pero vos seréis pronto una esposa"- se alegró Ridolfo, por su amiga- "¿ya tenéis la fecha? ¿donde está Le Husierre?"
- "Ha tenido que ir a Famagusta por algunos asuntos.. pero volverá pronto y nos casaremos.. y estáis invitado a la boda. Por cierto: id pensando en la vuestra.. en serio. Vuestro padre os ama y tiene esperanzas en vos. Toda Venecia e Italia os contempla con interés.. debéis elegir pronto"
Ridolfo palideció.
- "No digáis eso"
- "¿Por qué no?"
Ridolfo no respondió y después de esperar respuesta por los siguientes minutos, Leonor se retiró. Ridolfo era un chico extraño. La joven duquesa le quería como un hermano, al igual que a Etienne Boisloire, pero no podía negar que el chiquillo era bastante peculiar. Si bien las andanzas de Boisloire eran de conocimiento público desde que Etienne cumpliera los 14 años, en oposición Ridolfo era ingenuo, idealista pero a la vez muy serio, y además que más de una vez Leonor le había encontrado mirando fijamente a la lejanía..
¿Que buscaba alli?
Ni siquiera Ridolfo podía responder aquella respuesta. Su padre y sus hermanos le presionaban ya para que eligiera esposa, pero el joven sentía que algo lo llamaba desde más allá del horizonte con insistencia. No entendía bien porqué, pero en muchas noches de baile y alegría Ridolfo no podía dejar de mirar fijamente la lejanía y el mar y sentía que el tiempo se le acababa. Ahora que su padre ocupaba el más alto cargo de la república Veneciana y sus hermanos mayores estaban firmemente asentados en lugares de poder -obispos, cardenales y miembros del Consejo de Venecia- él sentía que era tiempo ya de tomar un camino propio. La lucha contra los musulmanes arreciaba día a día y aún el despreocupado Boisloire hablaba de partir en breve tiempo a combatir en la lejana Chipre..
¿A donde iba a ir él?
No lo sabía.. pero debía decidirlo.
Muy pronto.
- "Aquella voz de mujer.. esos ojos.. que me llaman "esposo" en mis sueños.." -pensó- "ignoro si será verdad.. pero no puedo negar que la anhelo, me llama. Aunque todavía no sé a donde. Pero..." -decidió- "pero Leonor y Boisloire tienen razón: cumpliré mi deber con Venecia y mi familia: si la guerra contra los musulmanes arrecia, iré alli a combatir y cuando vuelva renunciaré a aquellos sueños que me han perseguido desde niño. Lo haré. Tal vez esa mujer es sólo un sueño.. tal vez. Pero antes de renunciar a lo que no sé que es, haré un servicio definitivo a mi ciudad y a mi gente... sólo entonces, sólo entonces, asumiré mi última responsabilidad y me desposaré. Renunciando a la voz que me llama desde más allá del mar. Sólo después de servir a mi país.."
Un año después... Año del Señor de 1571
La embarcación oscilaba lentamente mientras los hermosos edificios de la ciudad llamada " La reina del Adriático" se perdían más y más ante sus claros ojos a cada instante que pasaba. Un vuelco en el corazón desconcertó de pronto al hombre joven sobre la cubierta de la nave. Un dolor, un sentimiento que jamás había experimentado antes y el muchacho se desconcertó ante la fuerza de sus emociones.
Era una sensación extraña, de vacío y pérdida que desconcertaron al joven capitán porque era peculiar, única. Aquello dejó al muchacho muy pensativo. No era la primera vez que se marchaba de Venecia pero en esa ocasión, era como si algo le dijera a Ridolfo Mocenigo que aquella era la despedida final, la última mirada a su hogar en la hermosa y marítima ciudad, un adiós a todo lo que había sido su vida, y los suyos.
- "Es natural" -se dijo a sí mismo- "considerando a donde voy.."
Bien, quizá su corazón o la intuición tenían poco que ver con esos sentimientos. Todos en las embarcaciones que marchaban hacia Chipre experimentaban lo mismo.
Despedida. Final. Muchos de los arrogantes guerreros que navegaban con él tenían poco o nada que perder y los que eran caballeros de alcurnia generalmente tenían problemas de dinero o de otra índole de modo tal que perder sus vidas luchando por la defensa de la sitiada Famagusta, hecho que iba a darles la fama que merecían así que morir bien poco importaba ya que si vivían lavarían ofensas que empañaban sus ilustres nombres y muriendo..
Bueno, se salvaban de algunos oprobios y cuentas pendientes..
Pero el joven cristiano que se despedía de su hogar en la cubierta de ese barco, era diferente.
Podría decirse que era de la escasa minoría que iba porque quería, simplemente. Y fue entonces que un chico probablemente más joven que él, prácticamente un niño, se le acercó.
- "Salud a vuestro valor, caballero" -inquirió de pronto el chicuelo- "si mis ojos no me juegan una mala pasada, vos sois Ridolfo de Mocenigo ¿no es verdad?"
- "Vuestros ojos no os engañan, joven compañero.. ¿os conozco?"
- "Podría decirse" -rió el otro- "pero eso no importa mucho ahora. ¿Porque vos os presentáis en primera línea a defender aquella sitiada y sufrida plaza? sois un joven de sangre aristócrata ¡la flor y nata de Venecia! no puedo creer que vuestro ilustre padre o vuestros hermanos os permitan esta travesía mortal.."
- "No os engañéis, mozo" -replicó Ridolfo- "admito a vos que mi padre puso todo su esfuerzo para disuadirme, pero ya veis que de nada le ha servido. Voy a cumplir el sino de un hijo de la Serenísima república, simplemente. Además de elevar el honor de las armas de la estirpe de los Mocenigo.."
- "¿Vais simplemente por matar musulmanes, porque os gusta la guerra?, ¡ya veo mi señor, que había tenido una opinión errada de vuestra persona..!"
- "Habláis como si me conocierais.. ¿como debo llamaros entonces, si no me decís vuestro nombre?"
- "Soy sólo un capitán, mi señor.... aunque.."
- "¡¡¿Capitán a vuestra edad?!! ¡sois un niño!"
El chicuelo contuvo la risa.
- "Os engañáis si me juzgáis por mi aspecto. Soy tan capitán como vos, pero la gente me dá un sobrenombre divertido" -dijo misterioso.
- "Entonces, mi curioso conocido, os sacaré de vuestras dudas" -Ridolfo miró pensativamente el mar, que ya había engullido a Venecia alejándola de sus ojos para siempre- "no, no voy por amor a la guerra, si es lo que mis primeras palabras os hicieron creer erróneamente. Voy porque es necesario, porque un capitán como yo no puede languidecer como una doncella en el Palacio Mocenigo siendo sólo objeto de atenciones y de danzas. Voy porque he ido a muchas guerras extranjeras y no voy a quedarme atrás cuando mi patria es insultada por los infieles.."
- "Y supongo que también os hace venir el hecho que el consejo reclamara al Dux que ningún miembro de su Casa luchara en Famagusta.."
Ridolfo miró al capitán con atención.
- "Es obvio que estáis muy bien enterado" -aceptó tranquilo- "¿vuestro padre forma parte del Ilustre Consejo?"
- "No mi señor. Mi padre murió hace ya algún tiempo en una calle de Toledo, en España. Sólo cinco espadachines contra él sólo pudieron vencerle.."
Ridolfo hizo un gesto de desaprobación.
- "¡Odio a los aventureros sin honor!" -dijo disgustado- "esas cosas me parecen indignas de quien lleva una espada, pero no tengáis duda que vuestro padre murió con gloria, joven amigo. No tengáis ninguna duda"
- "No la tengo, mi señor. Pero ¿y vuestro padre?, ¿pudo la censura de su Consejo decidirle a sacrificar a su hijo más amado a una empresa que todos consideran perdida?"
Ridolfo rió entonces alegremente.
- "Si vuestra pregunta no tuviera algo de preocupación por mi familia, hubiera cruzado espadas con vos, capitán.. por sugerir algo así de mi ilustre padre" -dijo tranquilo- "no. Llevo yo meses exigiéndole a él y mis ilustres hermanos que me dejaran marchar... así que puedo decir que voy como objeto de sacrificio involuntario. La censura del Consejo ha servido para que me dejen partir, si, pero temo que mi familia ha dado la orden a todos los que allí estén, de protegerme. Tengo sospechas desagradables sobre algunas cartas al Gobernador de la Plaza.."
- "Vuestro padre se honra al cuidar bien de un hijo como vos, en la medida de sus fuerzas. ¡Oh, entonces por eso es que me indicaron que debía cuidaros a mí también!"
Al oír esas frases, Ridolfo miró al otro, escandalizado.
- "¡No digáis eso! estoy seguro de tener más años que vos y me avergonzareis si insistís en cuidar de mi seguridad" -rió de nuevo- "además.. bueno, no sé si me creáis acaso un loco... pero ¿podéis creer que siento que algo me llama a Famagusta?. Hace algún tiempo que siento que debo ir sin importar cómo, es una sensación extraña, pero urgente. No voy pues por amor a la guerra, ni por el honor de mi casa en realidad.."
- "¿Alguien en la fortaleza?"
- "Admito que una gran razón es mi mejor amigo, mi compañero de infancia. Está allí como uno de los paladines de la defensa, desde que estalló el sitio. Pero siendo totalmente honesto.. lo que os dije... es cierto. No sé que es, pero es algo mucho más fuerte que me llama allá.." -su mirada se paseó por la lejanía del mar, como si buscara a alguien que iba a reunirse con él en breve- "no menosprecio la amistad de mi buen amigo el Hospitalario, pero mentiría como un villano si no fuera sincero al decir que si, mi razón seria y honorable de ir es por mi amigo, mi familia y mi patria, pero principalmente... siento que hay algo más fuerte que me llama"
- "Veo que seguís siento el mismo soñador honorable que conozco, mi señor"
- "¿Quien sois mi joven amigo?"
- "Podéis llamarme Tormenta" -rió- "Desde que volví a Venecia me llaman de esa forma" -una mano enguantada hizo un gesto de respeto- "y al igual que vos, voy por el destino. Tengo una deuda con una persona... un ilustre vizconde también francés que tomó las armas en defensa de la República Veneciana y que dicen que los infieles tienen prisionero, aunque como a vuestra ilustre persona, me alegrará ver al arrogante mujeriego de Etienne Boisloire.."
- "¡¡¿Conoceis a Boisloire?!!"
El chicuelo sonrió divertido.
- "¿A que amigo vais a rescatar?.. ¿decís que es un vizconde?" -reflexionó Mocenigo- "¿os referís a Le Husierre, acaso?"
Su interlocutor asintió, algo incómodo.
- "Si mi señor. Tengo una deuda con él. Hice la promesa de llevarle sano y salvo hasta los brazos de su prometida.."
- "¡Mi buena amiga Leonor!" -rió Ridolfo, satisfecho de oír un nombre conocido y querido en labios de aquel extraño chico- "ya veo. Le llevareis a la Duquesa de Eboli a su ilustre novio ¡es un honor viajar con alguien tan caballeroso!. ¿Sabéis que ella es hija de uno de los más brillantes espadachines de nuestra época?, Boisloire y yo tuvimos el honor de que el padre de Leonor nos diera lecciones. Era invencible y la única persona que podía vencer al Vizconde de Neveurs, el padre de Boisloire, quien fué mi instructor de armas desde que era niño"
El chicuelo sonrió.
- "Con vuestra venia, señor.. ha sido una conversación agradable, pero os dejo pensando en vuestro destino"
A la partida del extraño, Ridolfo se enfrascó otra vez en la contemplación del mar. Si, su vida parecía discurrir frente a sus ojos como un recuento rápido y breve. Su nacimiento feliz y rodeado de lujos en el Palacio Mocenigo, los cuidados de su amante familia y su gran amistad con Etienne Boisloire y su padre, el vizconde Neveurs. Su buena amiga Leonor -la única mujer a la que Etienne Boisloire respetaba, y era porque apreciaba a Leonor como una hermana, además que ella podía vencerles a ambos con la espada ¡sólo por ser hija de su padre, porque ellos dos eran espadas famosas por sus hazañas!- y tantas cosas a la vez, detalles.. recuerdos felices, pero últimamente los acontecimientos parecían ocurrir sin parar, destrozando sus recuerdos. Hace algunos años el Rey de Francia -Enrique II- había muerto y Neveurs había partido a París a visitar al Rey Carlos XI y a la reina madre para presentarle sus respetos, pero la visita no podía haber culminado peor. Un súbito cólico, un malestar que tuvo al vizconde en cama por casi una semana... y pese a que él había acompañado a Etienne a ver a su antiguo maestro de armas lo más de prisa posible, su infortunado amigo había llegado sólo para ver el cadáver de su padre y sepultarle rápidamente.
¡Muy mala suerte en verdad!
En ese entonces, Ridolfo había pensado que era muy desafortunado que el padre de su amigo hubiera muerto cuando al fin estaba en buenos términos con la corte francesa -desde niño, escuchaba que el Vizconde abandonó Francia a tierna edad por un desafortunado problema con los Valois- pero Boisloire había insistido en solicitar una investigación por la muerte de su padre ante la misma reina madre y Ridolfo le había acompañado. En su ingenuidad él no había entendido nada de los agudos sarcasmos entre su amigo y Catalina de Médicis pero si notó claramente que cuando la florentina - la Médicis era originaria de Florencia- le había preguntado de su estirpe fué recién cuando los cortesanos poco amigables que hasta entonces les rodeaban -y que ya le hacían acariciar el pomo de su espada con inquietud- se habían alejado..
- "No nos ha matado porque no desea enemistad con vuestro padre, amigo mío. Y porque vos le habeis causado buena impresión. Habéis salvado mi vida" -dijo Etienne Boisloire, mientras abandonaban el Palacio- "es mejor que abandonéis Paris de inmediato"
- "Admito que muchos cortesanos me parecieron gente que mi ilustre padre no hubiera tolerado ni siquiera en las cercanías de nuestro Palacio" -dijo a modo de respuesta- "pero la reina madre jamás hubiera consentido un ataque así. Además, vos sois súbdito suyo y las diferencias de vuestro padre y los Valois estaban llegando a buen término.."
- "Llegaron al término de mi padre"- resopló Etienne, mirando subrepticiamente a un costado, donde un rubio les seguía con dos sujetos más- "es mejor que os vayáis Ridolfo. Ya habéis hecho demasiado por mi"
- "¿Pero que estáis diciendo?, ¿creéis acaso..?"
- "Mi padre fue envenenado Ridolfo" -dijo tranquilo- "el creyó que estaba a salvo con el Rey Carlos en el trono francés, pero quien gobierna es esa florentina y es obvio que ella urdió esa "reconciliación" para envenenarle. ¿No visteis acaso aquel retrato del Rey de Francia? ¡era la misma cara de mi padre! ¡la misma cara de Francois Boisloire, Vizconde de Neveurs era la de Enrique II de Francia!"
Ridolfo resopló. Eso siempre era un tema desagradable..
- "Vos sois la última persona en querer un trono, Etienne, os conozco, y si la reina madre es tan lista, verá que no tiene motivos para recelar de vos. Vuestro tío, el Rey Carlos debe ya haberlo notado.. ¡no aceptaríais un trono así os lo obsequiaran! ¡¡¡las responsabilidades de gobernar os espantan amigo mío!!"
Boisloire rió, muy divertido.
- "Sois un ingenuo, pero nadie puede negar que de tonto no teneis un cabello. Temo que jamás fuí mejor descrito" -aceptó- "pero entonces, si vuestra fé en la familia real francesa dice que mi padre murió de una indigestión ¿porqué nos sigue ese sujeto de fea cara y esos tipos?"
Ridolfo rió a su vez, bien se notaba que pese a que ambos caminaban por Paris a avanzadas horas de la noche, ninguno de los jóvenes era tonto, porque ambos habían notado que un hombre seguido de otros más, les estaban siguiendo....
- "Se nota que estáis nervioso. Ese "sujeto de fea cara" es el caballero de la corte escocesa que estuvo en la última justa, en Venecia, amigo. El mismo al que vencisteis hasta hartaros: ¿no veis su cara pálida y rencorosa rodeada de cabello rubio? ¡es Henry De Dannan!" -Ridolfo giró de pronto el caballo y saludó alegre y honestamente al tipo, que pareció sorprendido de ser reconocido tan honestamente- "¡Sir Henry!, es grata sorpresa veros fuera de Venecia.. ¿tenéis negocios en París?"
Hubo desconcierto entre el sujeto y sus embozados acompañantes..
- "Un honor veros, Mocenigo.. eh.. si" -se volvió al francés, mirándolo con odio- "un honor veros, Boisloire.."
- "Por supuesto" -zumbó el otro, burlón- "un honor.. como lo fué para mi haceros caer del caballo.. ¿seis veces? en esa última justa, ¡me divierto tanto siempre que os veo De Dannan!"
El rubio casi rechinó los dientes de rabia y Ridolfo suspiró pidiéndole a Dios, paciencia.
Aquella justa... otra de las celebraciones cuando su padre fué elegido Dux. El no podía participar porque era su familia quien la organizaba -hubiera sido muy peculiar que él la ganara, así que no participó- pero aquel caballero de las remotas tierras escocesas había participado y durante los dos primeros días llevaba un record impresionante. Había vencido a caballeros de Francia, Venecia, Castilla y Aragón además de algunos ingleses, todos de gran reputación con la lanza, pero al final del segundo día Boisloire lo había descubierto tratando de forzar a una criada y había intercambiado palabras desagradables con De Dannan. Todo había terminado con el francés visitando a los caballeros vencidos, los que habían declarado ingenuamente en unísono, que "sus arneses no habían resistido el empuje del escocés".
Ridolfo no había estado de acuerdo, pero Etienne Boisloire le hizo notar que él no era un Mocenigo así que podía participar si le daba la gana, peor aún contra un tramposo que vencía a sus oponentes cortando antes de la justa las cinchas de los caballos..
- "Hubiera sido necesario algún tipo de magia para cortarlos a instantes de que empiece la justa" -había dicho Ridolfo, sin creerse las sospechas de su amigo- "¡estáis exagerando..!"
- "Pues quiero correr el riesgo"
El riesgo había resultado en una victoria aplastante de Boisloire, que se mantuvo como campeón de la justa no sólo ese día -el escocés le desafió cinco veces más esa misma tarde y las cinco veces acabó tragando tierra a chorros, con el francés mirándole divertido desde lo alto de su montura- sinó hasta el final del torneo, algo que le había llenado al caballero hospitalario los bolsillos de bastante oro y le había dado a ese rencoroso sujeto como mortal enemigo.
Algo que a Etienne Boisloire le importaba... escasamente.
Pero volviendo a esa calle de París, el escocés y sus malencarados compañeros se habían despedido rápidamente, incómodos con la tranquila serenidad pero seguro apoyo de Mocenigo al francés, lástima que aquella misma tarde había llegado una carta de Venecia en que pedían a Ridolfo volver a toda prisa..
Lo que siguió a continuación, a Boisloire le había divertido muchísimo hasta que la cosa se puso fea.
Mocenigo había insistido en que el francés le acompañara de vuelta a la república veneciana, pero una aventura amorosa tenía retenido al caballero hospitalario en París, y nada pudo convencerlo de marcharse. Ridolfo partió pues, inquieto, pero sin forma de evitarlo y a una semana de camino se encontró con uno de sus hermanos, que le dijo -muy sorprendido- que nadie en el Palacio le había dirigido carta alguna. Angustiado, y comprendiendo al punto la celada, Ridolfo había vuelto a toda prisa cambiando de caballos en todo el camino, preocupado por la seguridad del imprudente donjuán francés que tenía por amigo, rezando a la Santa Virgen y a San Marcos -patrono de Venecia- para poder hallar con vida a Boisloire.
Y había faltado poco para que su plegaria no se cumpliera. Porque Mocenigo y su agotado caballo llegaron a duras penas cuando Etienne Boisloire se encontraba en un trance apurado con más de 12 sujetos en un callejón, totalmente solo y con el cuerpo de su amante de turno a un lado pues la mujer que ya había sido asesinada por los bandidos, pese a que fue esa astuta Dalilah la que había entregado al joven francés..
- "¡Fuera de mi camino, cobardes!, ¡tantos contra uno!, ¡pelead conmigo! ¡la espada de Ridolfo Mocenigo no esta quieta cuando un amigo esta en un apuro!"
- "¿Quien eres, miserable?, ¡dile a tu dueña que le va a costar más matarme!" -dijo entonces Boisloire encarando a uno de los asaltantes- "¡decídselo!"
Hubo confusión, nerviosismo, y entonces cuatro sujetos cayeron muertos..
Ni Boisloire ni Mocenigo perdían el tiempo en dudar y los sujetos aún vivos huyeron de prisa. Y en cuanto ambos amigos vieron marchar a esos hombres Etienne había aceptado a un colérico Ridolfo que no ignoraba que tratarían de matarlo, pero que -¡vaya manía la suya!- había querido algo de diversión y excitación en su vida así que había permanecido en París para ver que tan imaginativa podía ser la Reina Madre.
- "Esa costumbre suya de divertirse a costa de los demás, un día va a traerle más que un sujeto rencoroso odiándole" -pensó Ridolfo, mientras la embarcación se acercaba a Chipre- "¡Hey, marinero!, ¿en cuantas horas llegamos?"
- "Temo que nos ganará la noche antes de desembarcar mi señor!"
- "¿Y el Capitán Tormenta?"
- "Reposando en su cámara"
- "Bien" -miró la isla acercarse más a él, lentamente - "destino mío.. no sé cual seas, pero aquí voy" -tanta era su emoción que de pronto notó como una de los fuertes mástiles del barco temblaba anormalmente con su sola mirada- "¡oh no, no!" -pensó- "¿porqué?.. hace años que no lo hago.. ¿acaso estoy tan contento de llegar a este lugar de muerte que ese horrible poder de mover cosas con sólo mirarlas fijamente ha vuelto con más fuerza?" -miró alrededor- "no, nadie me ha visto. Nadie lo sabe. A nadie debo hablar de esta insólita magia que he ocultado celosamente toda mi vida porque pese a que aquí hay problemas mayores, quizá podrían acusarme de brujería"
Si, la brujería era ciertamente algo espantoso, temible y horrible -para quienes caían presas del Santo Oficio- pero, un par de días después, Mocenigo había deseado realmente ser brujo, para adivinar muchas cosas, porque quien adivina las cosas poco sufre de sorpresas, y las sorpresas bochornosas parecían perseguirle últimamente..
Y Boisloire estaba en su gusto, muy contento y feliz al hallarse de vuelta en lo que hacía mejor: pasarla bien a costa de su mejor amigo.
..
- "¡JA, JA, JA, JA, JA!"
- "Dejad de reíros así, señor caballero. ¡Me estáis incomodando!"
- "Es que seguís siendo el mismo ingenuo de siempre Ridolfo, ¿os acompañó todo el viaje y no os diste cuenta?"
- "¿Cómo queríais que..?"
Las risas del francés se hicieron presentes de nuevo y Ridolfo resopló, avergonzado.
- "Estuvimos conversando.. si. Pero nunca pasó por mi mente algo así. ¡Y tampoco mencionó nada!"
- "Por supuesto que no lo haría. Os conoce bien. Pero ya notasteis que no negó nada ante mí"
- "También os conoce bien"
- "¡Pero lo vuestro es imperdonable!, ¿no reconocer en ese jovenzuelo llamado "Capitán Tormenta" a nuestra vieja amiga de la infancia, Leonor, Duquesa de Eboli? ¡sois imposiblemente distraído Ridolfo!"
- "¡No podía saberlo!, ¡vestía de caballero!"
- "Pero me decís que mencionó que venía a salvar a Le Husierre, SU prometido. ¡que más queríais que os dijera?"
Ridolfo estaba oficialmente enojado.
- "Mirad amigo. Leonor es una mujer de armas, y yo la respeto por ello. Pero así como no me gusta que vos estéis aquí, tampoco me gusta esto. Ya veis que hizo una incursión alocada para rescatar a su prometido y sólo le vió morir en premio. ¡Y por si fuera poco, esto!, ya veis que aquí en Famagusta no abundan los caballeros honorables y ese Leczinky, ese polaco, creo que sabe del sexo de Leonor"
- "Pero Boisloire.. aun si lo supiera, es un caballero.."
- "¡Que ingenuo sois!. El polaco es amigo de De Dannan, a quien también tenemos aquí y que no me aprecia mucho" -añadió- "Un sujeto como De Dannan sólo se rodea de gente despreciable y si ese Leczinky es amigo suyo, seguro es escoria. ¡Quien sabe y acompañó a De Dannan aquella vez!"
- ¿Cual vez?"
- "Aquella vez, que me salvasteis tan oportunamente con vuestra llegada. Juraría que De Dannan estaba entre los que me atacaron de parte de Catalina de Medicis.."
- "¡¡¿Un agente de la reina madre de Francia?!!"
- "Una espada a sueldo sin duda. Un sujeto sin el honor que tanto apreciáis. El tipo solo ama el oro y su vida y temo que por eso no le agrado" -razonó negligente- "Quizá si fui algo lejos cuando le hice perder todas esas monedas de oro en la justa que organizó vuestra familia.."
- "¡Oh Etienne!, ¡por favor!. Admito que De Dannan es rencoroso, pero si vos no os burlarais tanto de él en publico, os llevaríais mejor al menos.."
La mirada acusadora del italiano motivó una explicación del caballero francés.
- "Bueno, siempre me divierto a costa de los demás... pero no lo humillo por sólo mi placer amigo. ¿No sabéis que tiene como vicio forzar a mujeres muy jóvenes? ¡casi niñas!, todos sabemos que ha forzado a todas las escasas jóvenes que no han muerto en la ciudad.."
- "¡Pero..!"
- "¡He evitado eso yo mismo un par de veces mi inocente amigo!"
Ridolfo le miró por unos instantes, incrédulo, y ante el gesto decidido de su amigo pasó rápidamente de la consternación a la indignación.
- "Hablaré con él. ¡¡Es espantoso!!. Un caballero no debe hacer eso.. aprovecharse así de inocentes. ¡Yo mismo le exigiré que no lo haga de nuevo! ¡y le diré claramente que le acusaré ante todo el consejo de Venecia por esas atrocidades!"
Su amigo frunció el ceño.
- "Mejor acúsale si sobrevivimos a este asedio, pero no cometais el error de decir algo ahora, ese sujeto os envidia casi tanto como me aborrece y debemos estar atentos. No confío en él ni en el aventurero polaco, y peor aún que Leonor está enferma después de haber vencido al León de Damasco.."
Ridolfo ahogó un gesto de orgullo a la mención de su valerosa amiga..
- "¡Oh, yo podía haber enfrentado a ese sujeto si vos no me hubierais estorbado!"
El caballero hospitalario asintió. Nadie mejor que él sabía que Ridolfo y él mismo eran los más cercanos en habilidad a su amiga Leonor, así que cualquiera de los tres hubiera podido enfrentar con honor a las mejores cimitarras turcas pero no había forma de evitar a Leonor partir a ese reto, y poner a dos amigos suyos en riesgo no le gustaba nada.
- "El sujeto era la mejor espada musulmana aquí, su padre es Bajá de Damasco y aunque podríais haberle ganado, ¡no iba a correr ese riesgo!" -resopló- "De haber podido, hubiera detenido a Leonor pero quien le retó fué ella misma, ante todo el campamento o el "Capitán Tormenta", lo que es igual. No podía evitar que ella le hiciera frente a ese musulmán sin ponerla en evidencia"
- "Si, pero ahora está enferma.."
- "Esta enferma porque le ha afectado profundamente la muerte de Le Husierre. Al parecer el infortunado vizconde fue objeto de diversión para la sobrina de Alí Baja"
- "¿Que queréis decir?" -se alteró.
- "¿No lo sabéis?.. supe por el criado de Leonor lo que ocurrió: parece que algunas mujeres musulmanas tienen excitación con la sangre y torturar a los cristianos. Fué la sobrina de Alí Bajá, el Gran Almirante de la Flota turca, la hermosa Haradja, quien usó a Le Husierre para la pesca de sanguijuelas"
- "¿Sanguijuelas?"
- "Si, el pobre ya estaba medio muerto, torturado y aturdido, asi que unos días de ponerle como cebo a estos animalitos chupasangre le mataron poco a poco. Nada de lo que hizo Leonor, pudo salvarle"
Ambos jóvenes contuvieron el aliento. ¡Era una forma tan triste de morir!.
- "¡Pobre Leonor!" -suspiró Ridolfo- "¡pero que horrible mujer es esa Haradja!"
- "No mi amigo. Haradja es hermosa. No se compara a la legendaria Roxelana, de quien se dice que esta también en el campamento turco.. pero esas mujeres son de peligro: tienen su propia nave, esclavos y todo eso"
Al italiano la información recién brindada le era simplemente horrible..
- "¡Si todas las mujeres musulmanas son tan crueles, mejor no verlas jamás!. No es de hombres matar mujeres pero es abominable aquella crueldad en una mujer!" -insistió tratando de calmarse- "pese a todo, Etienne, nuestra preocupación ahora no son las mujeres musulmanas, sinó Hamid, el mejor guerrero musulmán ahora que el León de Damasco está herido y en su tienda, porque ¡Hamid debe ser vencido!. La moral de la gente esta sufriendo mucho y una victoria así les ayudará a resistir.. ¡El invencible Hamid debe ser vencido y yo mismo..!"
- "¡Calma!, mi apasionado y sanguinario amigo. Calma. Me parece que después de haber acabado con mas de diez turcos durante la ultima escaramuza, estaríais más tranquilo.."
- "¡Debemos resistir, Boisloire!"
El hospitalario se encogió de hombros pese a que si estaba preocupado. Ridolfo era un gran guerrero ¡pero seguía siendo un muchacho tan ingenuo!, no sabía como decirle que estaban cercados dentro y fuera de la fortaleza; porque si bien Ridolfo era leal y noble no todos los defensores de Famagusta lo eran y con su amiga Leonor enferma, perdían a una valiosa aliada en quien confiar. Peor aún, que a él le acaban de enviar al campamento sur de la fortaleza y ¡argh!, al menos le demoraría 3 días ir y volver.. si es que conseguía salir vivo.
Pero eso no le preocupaba gran cosa, era dejar a Leonor y a Ridolfo a descubierto lo que le ponía como gato de espaldas.
El Gobernador era un hombre de honor, pero estaba muy ocupado con la defensa...
¿Si alguien forzaba a Leonor o apuñalaban a traición a Ridolfo mientras él no estaba?
- "Preocuparos por vuestra seguridad, Boisloire" -dijo Mocenigo, cuando el hospitalario subía a su montura- "id con Dios. Yo mismo he proporcionado al leal criado de Leonor armas, y fuera de mi nadie más la verá enferma y vivirá para contarlo, yo mismo mataré a quien se atreva sólo a mirarla" -la decisión en los ojos de Mocenigo sorprendió al francés- "mi escudero cuida bien de mis espaldas amigo mío. Id con Dios y volved pronto y a salvo"
- "¡Me sorprendéis!"
- "Nadie tocará el cabello de mi amiga mientras yo esté aqui. Y si voy a morir Etienne, pues quiero que sea por algo en lo que creo y las personas que amo, no a traición"
- "Os pido perdón. Os había subestimado"
- "No, yo pecaba de tonto, Boisloire. Pero cuidar de Leonor y vuestra amistad me ayudan a entender mejor la malicia de los hombres.. id sin miedo, yo cumpliré mi deber como guerrero y como caballero"
El caballero hospitalario partió con su grupo y Ridolfo Mocenigo lo vió irse por unos instantes antes de volver a la tienda de su amiga; pero aún mientras se perdia hacia una muerte muy probable, el caballero de San Juan temia más por la virtud de Leonor y por la vida de Ridolfo -que debido a su rango, generaba respeto, pero a la vez, envidia- ya que no ignoraba, que Famagusta y el asedio horrible que sufría, estaba sacando realmente lo peor de muchos de los cristianos allí asediados..
Y con aquel sujeto, Sir Henry De Dannan... tenía un mal presentimiento, de modo que sólo le quedó rezar para que sus amigos no cayeran en alguna celada en su ausencia porque si algo les pasaba, él, Etienne Boisloire, iba a hacérselo pagar a quien quiera que fuera el culpable. Desgraciadamente a escasa una semana después de la partida del joven caballero de ojos azules, Leonor de Eboli estaba realmente desesperada.. y no por ella misma.
- "¡No debéis ir!, ¡es una trampa!"
- "¡No puedo creer que digáis eso Leonor! ¡vos hicisteis lo mismo!"
La hermosa napolitana se avergonzó.
- "Entended Ridolfo.. yo había hecho una apuesta, y estaba atrapada. Si me negaba, Leczynky y su grupo podían sospechar que yo era mujer, o murmurar que era cobarde"
- "¡Por supuesto, que no murmuren de la duquesa de Eboli pero si del hijo del Dux de Venecia! ¡el si puede ser cobarde!"
- "¡No seáis irónico jovencito!" -le regañó su amiga- "os recuerdo que soy mayor que vos aunque sea mucho mas pequeña, y no es ni caballeroso ni cortés que me habléis así! pero no lo digo por eso Ridolfo. Los musulmanes están molestos que venciera al León de Damasco en el reto y aunque el Invencible Hamid es honorable, no sabemos de los demás. Mi criado me ha dicho que hay mucho alboroto entre los sitiadores y se murmura que todos desean ganar en fama y proezas, para impresionar a Roxelana, que está aquí.."
- "¡Seguro es igual a la perversa Haradja!"
- "El León de Damasco me dijo que no es así" -explicó Leonor- "como entenderás, no hablamos mucho durante el combate, pero como yo hice alusión a la belleza y la crueldad de Roxelana, el dijo que ella no era una, sinó dos. Y que sólo una era Roxelana"
- "¿Que acertijo es ese?"
- "No lo sé.. ¡pero no vayáis!. El duelo ofrecido dice que enfrentarán al Invencible Hamid y al Capitán de Armas de Haradja, Metiub, ¡Y el reto es para ti y para Boisloire!, ¡debes esperar a que él regrese para ir si tanto deseáis combatir!"
- "¡Pero no necesito que Etienne me proteja!"
- "¡Por favor, no dije eso Ridolfo!.. pero entre dos podéis cuidaros las espaldas.."
- "¡Tu y Boisloire me tratan como a un niño!"
Leonor trató de decir algo, pero fuertes temblores se lo impidieron y Ridolfo llamó al criado. La joven duquesa estaba con fiebres muy altas y eso inquietaba a Mocenigo. Sólo por ella no había accedido al reto de inmediato, cuando se presentó un día atrás pero ahora estaba decidido, así que ordenó a su leal escudero que permaneciera con el criado de la duquesa y marchó solo a enfrentar el reto..
- "¡Pero mi señor!" -gimió el leal servidor- "yo puedo morir por vos pero..!"
- "¿No por una dama valerosa en desgracia?" -se enfadó Mocenigo- "¡no me decepcionéis!, yo debo cumplir mi deber como caballero pero iré solo al reto contra Hamid.. sé que es usual que te lleve conmigo, pero prefiero correr yo el riesgo, a que algo terrible le ocurra a la duquesa en mi ausencia ya que Boisloire no esta aquí para cuidarla"
Musica: Ship of fools
Anime: Tsubasa Reservoir Chronicles
Dicen que al morir las personas ven pasar sus vidas por sus ojos. Ridolfo ya había sentido su vida pasar ante sus ojos cuando viajó hacia Chipre, pero aún en una situación como la que estaba, no lamentó ni por un instante haber ido al reto. Ciertamente había resultado ser una burda trampa ya que mas de 20 turcos le cayeron encima rastreramente y pese a que había matado a varios ahora estaba allí, en pleno campamento turco cargado de cadenas, con la ropa hecha jirones y sangrando abundantemente..
Una trampa, un vil y nauseabundo ardid sin honor. Pero no se arrepentía de haberse presentado..
- "Mi señora Haradja está de visita con su tío, Ali Baja" -informó el capitán de Armas, Metiub- "es una lastima que no este aquí para contemplar como empalamos a este perro cristiano, aunque otros ojos bellos disfrutarán con la vista... ¡pónganle más cadenas!, ¡que ojos reales van a verte, cristiano!"
La sangre manaba de sus numerosas heridas y el camino entre el campamento turco era horrible y tan tortuoso para Ridolfo como un calvario, ensangrentado y humillado a cada paso, pero pese a los golpes, y aun ante la perspectiva de una muerte segura, nada había abatido su orgullo..
- "¡Malditos traicioneros, atacad de frente! ¡y no en masa como cobardes!" -protestó Ridolfo, mientras más cadenas le ceñían- "¡sois solo escoria!"
- "Pues esta escoria es lo último que verás en tu vida, cristiano... además, te damos el honor que una de las huríes del Profeta, una tan bella que esta en este mundo, te lleve al infierno cristiano.."
- "¡EL INFIERNO MERECEIS VOS Y EL COBARDE DE HAMID EL INVENCIBLE QUE SE ESCONDIO DE MI!"
- "¡Cállate, perro cristiano!" -El gigantesco Metiub le propinó un golpe feroz que le dejó aturdido- "Hamid el invencible es la cimitarra más honorable de la fuerza turca, pero está de guardián de la Princesa Roxelana ¿cómo creiste que iba a enfrentar a un cristiano como tú antes que cuidar a la hija del Sultán?"
- "¡Entonces el perro sin honor eres tú!" -Ridolfo casi escupió las palabras con desprecio- "¡usaste el nombre de ese guerrero para atraparme como un vil villano! ¿porqué no tienes agallas y me enfrentas?"
El gigantesco musulmán estuvo a punto de sacar su cimitarra y decapitar al indefenso muchacho irritado por su osadía.. pero se contuvo. En realidad todo había sido idea de la princesa Zobeida, que en vista de que se aburría le sugirió atraer a algunos de los mejores guerreros cristianos a una celada para poder torturarlos algunos días y matarlos humillantemente. Eso, a la vez que distraía a la bella y sanguinaria princesa, iría mermando el valor de los defensores de Famagusta pero Metiub estaba inquieto. Hamid era demasiado honorable para prestarse a eso y si descubría que habían usado su nombre para tal bajeza no iba a dudar en enfrentarle y decapitarle. No es que Metiub fuera un inútil o un debilucho pero sólo el León de Damasco era tan buen guerrero como Hamid.
Afortunadamente el hijo de Damasco estaba herido en su tienda, y muy apartado del campamento turco por eso, porque tambien era honorable.
Pero Hamid... si era un problema..
Mejor no pensaba en eso. Si la princesa Zobeida lo deseaba podía ordenar a Hamid suicidarse, y ahora que lo pensaba mejor, todo había sido idea de la princesa, así que Metiub se dijo que no debía pensar más en el honorable Hamid, pero al llegar con el infortunado juguetito de Zobeida -pobre sujeto, quizá fuera mas amable decapitarlo ahora, porque ya había visto a Zobeida divertirse en contemplar el sufrimiento de los cristianos ante sus métodos de tortura- su grupo vió que el campamento estaba lleno de una inusual agitación..
¿Qué pasaba?
Tirando de las cadenas de su prisionero y pese a la resistencia del chico, Metiub y su grupo se abrieron paso a primera fila de entre los muchos curiosos y lo que presenciaron dejó a todos los hombres mudos de la sorpresa..
- "¡Las hijas del Sultán... las huríes!" -murmuraban los hombres.
Los ojos de Ridolfo Mocenigo quedaron atónitos..
El campamento turco..
Silencio.
Una palabra y...
- ¡Ahora!"

Dos luces, dos relámpagos... dos bellezas de cuerpos de ensueño enfrascadas en una combate mortal que era casi una danza hipnótica. Dos cuerpos blancos de mujer, iguales en todo, formas veladas apenas por sedas pero que sólo aumentan la sensualidad al ver a aquellas hermosas mujeres idénticas luchar hasta la muerte.
- "¡Cuidado!"
Un relámpago y la cimitarra casi corta un rostro perfecto, otro relámpago rasga los aires y una mano tersa y delicada contiene el filo del arma, entonces, ambas contendientes se apartan entre sí con ágiles saltos pero una ataca ferozmente otra vez, rápida y entre risas... la otra se defiende, nuevos saltos imposibles por los aires, movimientos gráciles pero mortales, cimitarras curvas que llevan muerte en esas manos bellas y blancas... la que se defiende ataca al fin, la otra vuela por los aires..
Ambas caen, se levantan, las armas giran entre sus manos y ninguna se refrena en los ataques, nuevos saltos, nuevos intercambios de miradas, las espadas chocan, los movimientos son bellos, pero un error mínimo puede ser el último..
Un solo descuido y la que se descuide morirá.
Ambas vuelan de nuevo y una de ellas hace un movimiento inesperado..
- "¡Oh no!"
Las cimitarras despiden chispas.. una de las dos cae al piso y la otra -idéntica- detiene el filo curveado de su arma justo frente a su cuello..
La que esta en el piso resopla ¿humillada o asustada?, ¿quien podría decirlo?.. un hilo de sangre se desliza sobre su blanco cuello y ambos rostros bellos se miran entre sí.
La belleza es la misma.. las expresiones sin embargo, son opuestas.
Un brillo cruel en los ojos fascinados de la que ha ganado, impotencia y preocupación en la que ha perdido.
- "Aprendes rápido Roxelana" -ríe la vencedora con sensualidad- "si no fuera porque adoro las armas y los combates, y como tal los practico siempre, quizá hubierais podido vencerme.. hermanita" -una nueva pausa y una mueca de salvaje satisfacción parecen brillar en la muchacha- "¿porqué le estás poniendo tanto empeño en aprender de armas ahora?, ¿voy a tener acaso que cuidarme las espaldas?"
- "Quizá yo deba cuidar de la mía, hermana Zobeida"
La vencedora sonríe enigmáticamente y la gota de sangre sobre el cuello de Roxelana es mayor...
Ya no es una gota, son dos.
- "Creo que la... demostración ya llegó demasiado lejos" -dice un alto y apuesto guerrero, mirando a ambas mujeres, muy inquieto.
- "Si, es mejor que te muevas Roxelana" -hay cierto enfado en la vencedora al no notar terror en los ojos de la vencida- "que no quiero tener que marcar ese lindo rostro para que al fin puedas diferenciarte de mi"
- "Hay muchas cosas que nos diferencian, Zobeida" -replica la otra con cierto tranquilo desafío pese a su herida.
La vencedora sonríe cruelmente.. y el apuesto musulmán que intervino se adelanta para ayudar a la que está en el suelo, pero Roxelana ya se ha puesto de pie..
- "Os lo agradezco Hamid, pero no es necesario"
- "¡Princesas!.. tengo un pequeño obsequio por aquella exhibición maravillosa" -intervino Metiub de repente.
Ambas mujeres -increíblemente hermosas, realmente idénticas, ¡pero a la vez tan diferentes!- se vuelven a contemplar al capitán veneciano cargado de cadenas, polvo y sangre, pero apuesto y sorprendido por aquel combate singular de mujeres y en ese preciso instante que dos pares de ojos se encuentran entre sí. La muchacha por cuyo cuello resbalan dos gotas de sangre siente su corazón dar un vuelco y los ojos del cristiano son de repente para ella más ardientes que el mismo sol.
Ridolfo no entiende lo que pasa. Son idénticas..
Ambas mujeres lo contemplan.. igual que todo el campamento turco... un joven capitán cristiano, valeroso y de rostro casi cincelado, en cuyos ojos brilla el valor y la fé, la esperanza y algo más..
Aquellos ojos claros parecen ver de pronto los corazones de ambas mujeres idénticas y la vencedora se ruboriza ante la fuerza de la mirada del guerrero prisionero. Por un momento baja los ojos, azorada, pero vuelve a mirar al prisionero y aquellos ojos ardientes que se deleitan en la sangre devoran con un interés que ni ella comprende, cada detalle de la figura del veneciano. Sus largos y brillantes cabellos, hermosos pese al polvo, la piel pálida, a la que las manchas y gotas de sangre sólo parecen remarcar más su tersura y suavidad... los rasgos bellos y a la vez armoniosos, la boca de trazo fino y casi infantil, los ojos claros sombreados con pestañas tan negras.. las cejas pobladas, la rica armadura con engarces de oro y plata, pero tan ensangrentada y sucia que delata que el valeroso joven fue capturado sólo por la superioridad de número..
Sus gestos elegantes y altivos que le delatan como capitán y hombre de rango, acostumbrado a mandar..
- "Sólo es un maldito cristiano" -se dice la vencedora, furiosa consigo misma porque no puede dejar de mirarlo- "¡sólo un maldito prisionero cristiano!"
Pero si la llamada Zobeida ha contemplado cada detalle del prisionero, el muchacho ha mirado a ambas mujeres por sólo un instante antes de volcar todo el fuego de su mirada hacia la que está herida. Sólo a ella. No sabe porqué, pero había sufrido angustia al verla combatir y perder -¿cómo las diferencia? ¡el mismo no lo sabe, pero sabe que no son iguales!- y ambos se miran fijamente, como si nadie más existiera sobre la faz de la tierra..
Sólo la bella doncella, blanca y pura, empañada con dos gotas de sangre, y el joven prisionero..
- "¡Es él!" -piensa la muchacha, Roxelana, con súbito terror y sintiéndose desfallecer al fuego de esos ojos- "finalmente, es él. Lo que brilla en sus ojos.... es lo que está en mis sueños"
La vencedora los contempla a ambos también y nota que el extranjero la ignora. Su orgullo grita contra su corazón al sentirse desdeñada, y odiando al hermoso portador de aquellos ojos brillantes por ignorarla, dispone su destino..
- "¡No será suyo jamás, mientras yo viva!" -se jura mentalmente Zobeida- "si no me mira, peor para él, ¡tampoco será de ella!"
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Venecia - Palazzo Mocenigo.. Actualidad..
Shaoran Li abrió los ojos casi dando un salto y se revolvió los cabellos con las manos, confundido de pronto al verse con la ropa que vestía, y en aquella habitación. Era como si de pronto, hubiera retrocedido en el tiempo y hubiera estado allí.. allí mismo frente a aquellas gemelas..
Roxelana.
- "Es ella, es ella" -se dijo, paseando nerviosamente por la habitación, su habitación como Ridolfo Mocenigo- "no hay duda que todo es real. Ocurrió. ¡la he visto, la he visto!... Y ahora que he empezado todo debo llegar hasta el fin porque he destapado la caja de Pandora de mis recuerdos y estar preparado para lo que esto signifique, para mí, y Sakura.... en nuestro futuro. Si es que los dos tenemos realmente un futuro"
Continuará en el Omake de Reencarnación "las hermanas turcas"..
Notas de la autora: Bien, aquí voy con unos omakes de explicación sobre la encarnación previa del jefe del Clan Li y el inicio del triángulo amoroso de Sakura, Akasha y Shaoran. ¿Ya se hacen a la idea de quien es quien, no es asi?.. Ji, ji, ji. Como que ven que en el fondo, ¡¡ellos se traían algo desde hace bastante tiempoooo!!. Bien, me he visto mejor en ponerlo así para que tengan la historia bien clarita además de los detalles que van en los capítulos regulares del fic, sólo espero no confundirles demasiado..
Como ya saben: Ridolfo es Shaoran, Roxelana es Sakura y Akasha es Zobeida. ¿Quiénes son los demás que se nombran?. Seguro que no han tenido problemas en identificar a Etienne Boisloire como la primera encarnación de Eriol Hiragizawa, previa aún a su encarnación como Lead Clow -por todos conocida y ya explorada durante el fic "en la torre de Tokyo"- y como mis lectores son gente muy inteligente, pues seguro que también ya han notado que así como esta época fue la primera encarnación de Eriol pues también fue aqui donde empezaron sus inconvenientes con su enemigo el Druida Negro -a quien trató como tal siendo Clow pero que como ven, ya conocía y se llevaban MUY mal desde esta primera encarnación- osea "el caballero Henry De Dannan" , el mismo traidor que jugó un papel tan importante en el destino de Ridolfo y Roxelana antes de la caída de Famagusta. Ahora que llego a este punto, confieso que no he podido evitar colocar entre mis personajes a algunos bien conocidos por mí, por haber poblado mis sueños de niña. Y me refiero a Leonor de Eboli o "el capitán Tormenta", el "León de Damasco" y otros mencionados, como son :el mencionado aventurero polaco Leczinky, Haradja y el capitán Metiub. Estos son personajes de las obras del italiano Emilio Salgari, quien les hizo las sagas de "El capitán Tormenta", "el León de Damasco" y "el hijo del León de Damasco" , estos libros son básicamente responsables de mi gusto por el periodo histórico comprendido entre las luchas de los musulmanes y occidente frente a la isla de Chipre, por ello es que al menos -como pequeño tributo- hice aparecer a estos famosos personajes con los míos, ya que si esta historia alterna existe, pues ellos la inspiraron mucho.
¡Pero, no, no se asusten!.. ellos sólo están por allí, así que si no leyeron los libros que menciono, considérenlos unos personajes más, pero si disfrutaron -como yo- de los libros mencionados, sólo espero no decepcionarles. La canción en español es "será" de Ricardo Montaner, que tiene un video que habla de reencarnaciones -¡es una canción muy vieja, pero el video es lindo!- y la musica que pueden escuchar durante la escena del combate de las gemelas es la canción "ship of fools" de Tsubasa reservoir croniques.
Comentarios, sugerencias, tomatazos a mikki.chan@gmail.com
La imagen de Ridolfo Mocenigo al empezar, no es obra mía (ya quisiera!) disculpen, pero con las cosas que me han pasado, no he tenido tiempo.. y admito que después de ver esa imagen del anime "Izumo" no pude dejar de pensar "¡Hey! ¡ese es Ridolfo!" así que todos los derechos de esa imagen son de sus respectivos autores. ¿Qué hay sobre ese anime?, no lo sé, no lo he visto. Nada puedo decir de eso más que esa imagen es para mi "Ridolfo Mocenigo". La otra imagen si es mia ^_^. Pero en cuanto a los derechos y autoría de los personajes de los libros "Capitán Tormenta" y el "León de Damasco" son de propiedad de Emilio Salgari y sus respectivos descendientes o de quien pague los derechos respectivos. ¡Yo no lucro, solo me divierto!
¡Un abrazo!, ¡les veo en el proximo omake de reencarnaciones!